Pocas veces una silueta define tanto a un país como lo hace la silueta del Toro (el de Osborne) que nos encontramos en las autovías de España. El Toro; eso es en lo que piensan muchas personas al visualizar España, y esa es la suerte que, a priori, tiene una Denominación de origen como Toro en su haber… pero en realidad tiene muchas más cosas. Hacer enoturismo en Toro hoy nos brinda la posibilidad de pasearnos por una ciudad con enorme historia, visitar bodegas donde se producen vinos que triunfan en el extranjero, y encontrar en Toro alojamiento de primer nivel, e incluso con temática vinícola.
En Toro ha habido vino prácticamente desde siempre: Zamora es tierra del pan y de vino, y Toro, la ciudad, es la capital de la tierra del vino. Toro es conocida por el toro de piedra, por su Colegiata y su precioso puente sobre el Duero, por su Carnaval, curioso e importante entre los carnavales castellanos… y también por sus vinos.
La Tempranillo recibe aquí el nombre de Tinta de Toro y el paisaje de bodegas y la calidad de sus vinos han visto una revolución en esta zona, tal vez sólo comparable en España con el caso del Priorat. Pensemos, por ejemplo, que en 1998, hace apenas 15 años, Toro contaba con apenas 8 bodegas, que se multiplicaron hasta ser 25 en el año 2000… 40 en 2006 y que a día de hoy se deben contar por las 50 ó 51 (mirar la página de la denominación de origen para tener cifras actualizadas)
¿Un Milagro? No tanto. La década de los 90 en el vino fue sin duda el momento de lo que podemos llamar vinos más espectaculares, más frutales, más potentes y carnosos… y esos son terrenos y palabras en los que la Tinta de Toro se tenía que defender muy bien en el momento en que la elaboración se cuidara con mimo. Es posible que la confirmación a Toro le llegara con el aterrizaje en sus campos de los responsables de Vega Sicilia que, acostumbrados al Duero, vieron y encontraron en estas Tierras la oportunidad para elaborar un vino con enorme personalidad: Pintia. Es lógico que la región se revolucionara, y muchas bodegas reputadas en otras denominaciones pusieran su ojo en Toro: Mariano García, Alejandro Fernández, Telmo Rodríguez, los hermanos Lurton de Burdeos…. Toro acogió incluso al actor Gerard Depadieu, de la mano de Bernard Magrez en Burdeos. Todos estos nombres son palabras mayores, y no puede ser su encuentro casualidad, sino que la promesa de la tierra tiene que tener mucho de cierto para que se den cita.
Es cierto que con los nombres ha venido un claro incremento de los precios, y la aparición de muchas marcas que tal vez excedan en potencia y a las que le falte elegancia, pero es evidente que Toro tiene carácter y personalidad propia para llevar con orgullo su bandera de región vinícola: producciones más pequeñas de lo habitual, viñas viejas en muchos casos y parcelas entre 600 y 750 metros ayudan a la diferencia térmica que día y noche, permitiendo que las uvas no sufran sólo el calor del verano…. Y también están sus suelos de arcilla.
Son todos ellos componentes suficientes para dotar a la denominación de suficiente personalidad y tipicidad, algo que desde aquí aplaudimos, pues resulta muchos más grato alojarse en una región vinícola y hacer enoturismo en ella para encontrar algo distinto, diferencial, que nos haga reconocer que ha merecido la pena el viaje, no ya sólo por monumentos y cultura, sino también por descubrir y entender el porqué del sabor de sus vinos.
¿Un alojamiento recomendado? El hotel bodega Valbusenda con Spa, vista a viñedos y cuidada gastronomía y carta de vinos.





